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la maravilla del raven volando en el atlantico

Las imágenes que acompañan este artículo no son solo espectaculares: son históricas. Los dos vídeos que publica hoy El Role, cedidos por el regatista español Carlos Hernández desde el propio barco, muestran algo que hasta hace muy poco parecía reservado a prototipos de regata extrema: un monocasco oceánico de gran eslora navegando a velocidades sostenidas por encima de los 30 nudos, estable, controlado y capaz de mantener ese ritmo durante días en mitad del Atlántico.



El protagonista es el Raven, un Baltic 111 de 33,8 metros, que acaba de establecer un nuevo récord de monocascos en la RORC Transatlantic Race al completar las 3.000 millas entre Lanzarote y Antigua en 6 días, 22 horas, 27 minutos y 47 segundos, superando el tiempo que mantenía desde 2022 el mítico maxi Comanche. Más allá del dato deportivo, lo que revela este cruce es que el diseño de los grandes monocascos oceánicos está entrando definitivamente en una nueva fase.


Raven no es un foiler “volador” en el sentido estricto del término, como los IMOCA actuales o los AC75 de la America’s Cup. Su concepto es distinto y, probablemente, más relevante para el futuro de la navegación oceánica. El barco utiliza foils laterales para generar momento adrizante adicional sin necesidad de despegar completamente del agua. Esto le permite aumentar potencia y estabilidad sin perder control ni fiabilidad estructural, algo clave cuando se trata de sostener velocidad durante días, no durante minutos.


El patrón del barco, Damien Durchon, lo explicaba tras la llegada a Antigua con una frase reveladora: cuanto mejor rinde el barco, más seguro se vuelve. La combinación de los foils, diez toneladas de lastre líquido y una carena optimizada proporciona una estabilidad extraordinaria. Y si el foil pierde eficacia, el barco no entra en una situación crítica: simplemente vuelve a comportarse como un monocasco convencional. El foil aporta rendimiento, no dependencia.



Esa filosofía es la que permite entender el verdadero valor del récord. En las travesías atlánticas, los tiempos no los marca el pico de velocidad, sino la capacidad de mantener medias elevadas sin comprometer la estructura ni agotar a la tripulación. Raven navegó buena parte del recorrido por encima de los 30 nudos, pero lo relevante fue la consistencia. No fue una navegación al límite, sino un ejercicio de eficiencia. El barco hizo exactamente aquello para lo que fue diseñado.


Detrás del proyecto hay una combinación de nombres que explican el resultado. La construcción en composite ligero corre a cargo del astillero finlandés Baltic Yachts, mientras que la arquitectura naval pertenece al estudio español Botin & Partners, uno de los referentes mundiales en diseño de barcos de alto rendimiento. El diseño exterior e interior es obra de Jarkko Jämsen. La síntesis de todos esos actores ha dado lugar a una plataforma que no solo es rápida, sino estructuralmente coherente.


Desde el punto de vista técnico, el gran salto está en cómo los foils modifican la ecuación clásica del monocasco oceánico. Al aportar momento adrizante adicional sin aumentar desplazamiento, permiten trabajar con superficies vélicas potentes en rangos de viento más amplios, reducir escoras excesivas y estabilizar el flujo hidrodinámico del casco. En términos prácticos, el barco no solo corre más, sino que pierde menos energía en cada oscilación.


La comparación con Comanche ayuda a entender el cambio generacional. El navegante Will Oxley, que participó en ambos barcos, señalaba que el maxi estadounidense sigue siendo el referente en VMG pura a favor del viento, pero Raven presenta ventajas claras en ciertos ángulos de navegación, donde su arquitectura híbrida permite mantener velocidades medias superiores. Es la diferencia entre el último gran maxi de la era pre-foil y uno de los primeros monocascos oceánicos plenamente diseñados en la era del foil asistido.


Lo que muestran los vídeos grabados a bordo —la estabilidad del plano vélico, la ausencia de movimientos bruscos, la capacidad del barco para sostener velocidad con control— es probablemente más importante que el propio récord. Raven demuestra que el foiling no es solo una herramienta para regatas cortas o prototipos radicales. Puede integrarse en barcos oceánicos grandes, fiables y navegables durante largas travesías.


Y eso tiene consecuencias. El modelo que representa Raven apunta directamente hacia el futuro de los maxis oceánicos, de los superyates de alto rendimiento e incluso de los cruceros rápidos de nueva generación. La frontera entre barco de regata y superyate técnico se está difuminando. Cada vez más, los proyectos buscan combinar velocidad, eficiencia y seguridad estructural en plataformas que ya no responden a categorías tradicionales.



 
 
 
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