Luna Rossa empieza a parecer una máquina
- Dario D'Atri
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- 1 may
- 2 Min. de lectura
Hay una forma superficial de leer el último movimiento de Luna Rossa: el equipo italiano presentó a sus coaches —Francesco “Checco” Bruni, Josh Junior, Jacopo Plazzi Marzotto y Simone Salvà— como parte del proceso de preparación hacia la 38ª America’s Cup. Es una noticia más dentro de la larga sucesión de anuncios que, durante los próximos meses, irán construyendo el camino hacia Nápoles 2027.
Por Darío D'Atri, columnas "Lo que el mar nos dice"
Pero hay una lectura más interesante. Luna Rossa parece estar haciendo algo más profundo que sumar nombres. Está puliendo un sistema para ganar por primera vez la America’s Cup, y hacerlo en casa, en aguas italianas.
La presentación de sus entrenadores no es menor. En la America’s Cup moderna, el talento individual ya no alcanza. Tampoco alcanza con tener un barco rápido, un gran diseñador, buenos timoneles o presupuesto. La diferencia está en la calidad del sistema: cómo se selecciona a los tripulantes, cómo se forman, cómo se les exige, cómo se les acompaña, cómo se traduce la información técnica en rendimiento y cómo se construye una cultura competitiva capaz de soportar la presión. Luna Rossa define a sus coaches como figuras clave en la selección y desarrollo del sailing team, responsables de que los regatistas lleguen en la mejor condición física y mental a un desafío tan exigente como la America’s Cup.
Ese punto es central. La Copa ya no se gana solo navegando bien. Se gana aprendiendo más rápido que los demás.
Francesco Bruni aporta la memoria interna de Luna Rossa y una comprensión directa del ADN del equipo. Ha sido protagonista en campañas anteriores y representa una continuidad deportiva que no se improvisa. Josh Junior llega desde el ecosistema neozelandés, una de las escuelas más eficientes de la historia reciente de la Copa, y se incorpora a una estructura italiana que quiere absorber conocimiento sin perder identidad. Jacopo Plazzi Marzotto aparece como una figura clave en la coordinación y desarrollo del talento, especialmente en el puente entre el equipo principal, los jóvenes y las mujeres. Simone Salvà suma experiencia en clases foiling y en procesos de entrenamiento donde el detalle técnico se transforma en automatismo.
El mensaje de fondo es claro: Luna Rossa está intentando convertir el talento en método.
La diferencia respecto de otras campañas es que esta vez el contexto juega a favor y en contra al mismo tiempo. A favor, porque la 38ª America’s Cup se disputará en Nápoles, lo que convierte al equipo italiano en algo más que un challenger.
La expectativa explica la obsesión por el detalle.
La America’s Cup informó recientemente que Luna Rossa es un equipo de continuidad, que “nunca dejó de trabajar” desde Barcelona 2024, y que la incorporación de Peter Burling puede ser una pieza decisiva dentro de la mentalidad ganadora que Max Sirena intenta instalar en la base de Cagliari.
La incorporación de Burling fue, en términos simbólicos, un golpe enorme. Pero si se observa junto al trabajo de coaching, al desarrollo de talento femenino y juvenil, al uso intensivo de los AC40 y a la estructura técnica que se está consolidando en Cagliari, empieza a verse una estrategia más completa. Luna Rossa no parece estar buscando solo una estrella. Parece estar construyendo una organización capaz de funcionar como una máquina.




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