top of page
Buscar

Vuelta Vertical entra en el territorio de los hielos: el Copérnico, equipado con B&G, alcanza el Círculo Polar Antártico

A 50º Sur, en pleno Atlántico Sur y tras dos meses de navegación ininterrumpida, la expedición Vuelta Vertical acaba de cruzar uno de esos umbrales geográficos que no son solo una línea en el mapa, sino una advertencia: empieza el océano duro. El velero Copérnico, un barco de aluminio de 21 metros diseñado para travesías de alta latitud, ha alcanzado el Círculo Polar Antártico en su camino hacia el tramo más exigente de toda la aventura: la circunnavegación de la Antártida


A bordo navegan Paula Gonzalvo y Pedro Jiménez, dos marinos españoles que han convertido esta travesía —una vuelta al mundo “vertical” de polo a polo— en un proyecto híbrido donde conviven el desafío deportivo, la exploración real y una misión científica con ambición de impacto. Una aventura con una consigna clara: aventura, ciencia y conciencia.


El salto a las latitudes donde manda el océano

 

El parte es contundente. 14.000 kilómetros desde Castellón, y 7.550 kilómetros desde Mar del Plata, con el barco entrando ya en la franja de los “50 aulladores”, ese cinturón de latitudes del hemisferio sur en el que el viento no sopla: ruge


Allí, el mar se comporta como un sistema que no da tregua. Las temperaturas han descendido con rapidez —del confort templado a la crudeza polar— y el Copérnico se prepara para convivir con la congelación a bordo mientras el viento y las borrascas se encadenan con una regularidad casi mecánica. “Vivimos en condiciones de tormenta casi siempre”, explica Pedro Jiménez desde el barco, con esa mezcla de realismo y calma profesional que solo llega cuando la rutina se ha convertido en supervivencia organizada. 


Las cifras no son una exageración literaria. En estas aguas, las olas superan con frecuencia alturas considerables y el viento se estira hasta registros duros, lo suficiente como para que la navegación pase a ser una sucesión de decisiones tácticas cortas: reducir, aguantar, anticipar, proteger el barco y protegerse a uno mismo.


Un barco polar… y una travesía donde la tecnología importa de verdad

 

En navegación extrema, la épica cuenta, sí. Pero lo que decide el resultado es otra cosa: fiabilidad, datos, precisión.


El Copérnico navega equipado con instrumentación B&G, una tecnología que en crucero ya es sinónimo de navegación segura y eficiente, pero que en zonas polares —donde el margen de error se encoge y la meteorología se vuelve agresiva— se convierte en una auténtica herramienta de supervivencia. 


Porque en el sur profundo, la navegación deja de ser “ir del punto A al punto B” para transformarse en un ejercicio constante de lectura:

  • interpretar cambios de presión,

  • ajustar el rumbo para evitar lo peor del mar,

  • optimizar el equilibrio del barco,

  • y, sobre todo, mantener una vigilancia permanente cuando aparece el elemento que cambia todas las reglas: el hielo.


Y el hielo, por fin, ha llegado.


Primer contacto con el hielo: el momento en que el mar se vuelve blanco

 

Tras dos meses de travesía, la expedición ha detectado su primer hielo, entrando en zona de icebergs, un punto de inflexión psicológico y operativo. El Copérnico se mueve ahora a 50º Sur, cerca de regiones especialmente sensibles como el entorno del Mar de Weddell, donde el continente “escupe” hielo hacia el Atlántico en forma de gigantes flotantes que obligan a navegar con el radar emocional y la disciplina encendida. 


El objetivo inmediato es seguir el movimiento del iceberg A77, un coloso que se desplaza a un ritmo de decenas de millas diarias y que se convierte, de manera casi paradójica, en un elemento más de la estrategia de ruta. En estas latitudes, el hielo no es un “obstáculo fijo”: es tráfico vivo, un mapa en movimiento que obliga a decidir cada jornada dónde colocarse para avanzar sin jugar a la ruleta. 


Paula Gonzalvo lo resume con claridad: “Abordamos esta ruta de 12.000 millas por objetivos cortos. La distancia es tan inmensa que necesitamos fragmentarla en hitos alcanzables para mantener la concentración”. Y ahora el hito es ese: navegar con seguridad entre icebergs, gestionar el cansancio y sostener el barco mientras el océano sube el volumen. 



Orcas y ballenas: la Antártida empieza a saludar

 

No todo es violencia meteorológica. El océano austral también tiene sus momentos de belleza salvaje, esos instantes en los que la dureza se abre para recordar por qué este lugar es único.


En medio del esfuerzo, Paula y Pedro han tenido ya encuentros con fauna antártica, con orcas y ballenas asomando como testigos silenciosos de la travesía. En el contexto de Vuelta Vertical, estos avistamientos no son solo emoción: funcionan como recordatorio del porqué. Porque este viaje no busca solo cruzar una línea imaginaria en el globo. Busca mirar el océano con una idea de responsabilidad, y recoger datos que puedan servir.


Ciencia en tiempo real: microplásticos y biodiversidad en el Atlántico Sur


Mientras el Copérnico se interna en el Southern Ocean, la expedición mantiene activa su vertiente científica: recolección de muestras de biodiversidad marina y análisis de microplásticos en aguas cada vez más frías. 


Los datos se enmarcan en objetivos respaldados por instituciones académicas y por la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, aportando información sobre el estado de los ecosistemas del Atlántico Sur. 


En otras palabras: mientras la proa se abre paso hacia el hielo, el proyecto también va registrando pistas del impacto humano allí donde —en teoría— el planeta debería estar más limpio.


Un directo 24/7 desde el océano: la vuelta al mundo como un reality sin guion


Hay algo en Vuelta Vertical que marca una diferencia clara respecto a muchas grandes expediciones: la forma de contarlo.


Desde el inicio, el Copérnico retransmite en directo 24 horas al día a través de YouTube, permitiendo seguir en tiempo real el cruce del Atlántico, las maniobras en temporal y el avance hacia el hielo. 


A eso se suma un formato diario: la “Hora Vertical”, un encuentro en el que los navegantes comparten cómo se vive el día a día a bordo, qué decisiones toman, qué meteorología esperan y cómo se gestiona el cansancio cuando el barco no se detiene y el frío se instala. 


La retransmisión en directo permite que cualquiera pueda vivir esta realidad desde casa”, explican desde el barco. La frase podría sonar promocional… si no fuese porque, en estas condiciones, abrir la intimidad de la navegación polar al público es también una forma de exposición valiente: aquí no hay filtros, no hay montaje, no hay épica manufacturada. Hay un barco real, un mar real, y dos personas en modo resistencia.


Lo que viene ahora: la Antártida de verdad


Cruzar el Círculo Polar Antártico no es el final de nada. Es el inicio del tramo que convierte esta expedición en un desafío mayor: rodear la Antártida, un arco de unas 12.000 millas donde las decisiones dejan de ser deportivas y pasan a ser estratégicas.


En los próximos días, la ruta se endurecerá aún más. Se esperan nuevos temporales, mar formado y frío bajo cero. Y el Copérnico seguirá avanzando en solitario, sin ayuda externa, atravesando una de las zonas más exigentes del planeta para la vela oceánica. 


En este contexto, el hito ya logrado —alcanzar el Círculo Polar Antártico con el barco equipado con tecnología B&G y en navegación continua— funciona como lo que es: una prueba de que el proyecto está preparado. De que la estructura, la planificación, la resistencia y la navegación tienen consistencia.

 


 
 
 

Comentarios


bottom of page