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Dani Anglada MEDALLA de plata en el Mundial de vela inclusiva 2026

hace 11 minutos
6 min de lectura

El regatista del Masnou, ciego total, termina segundo en el Campeonato del Mundo de Vela Inclusiva de Portimão después de una semana en la que nunca bajó del tercer puesto: once victorias, diez segundos y seis terceros. Diez meses después de la plata de Omán, su ascenso en la vela de alta competición ya no admite la palabra casualidad.

 

Veintisiete veces se dio la salida en las aguas de Portimão y veintisiete veces el RS21 de Dani Anglada Pich cruzó la línea de llegada entre los tres primeros. Once victorias, diez segundos puestos, seis terceros. Ni un solo resultado fuera del podio en seis días de competición. El regatista del Port Masnou y del Club Nàutic El Masnou cerró este sábado el Campeonato del Mundo de Vela Inclusiva de World Sailing con la medalla de plata en la flota de discapacidad visual. Es la misma medalla que se colgó en diciembre en Al Mussanah, Omán, en la primera edición del torneo. Pero no pesa lo mismo.

En Omán, Dani llegó con una tripulación armada en tres semanas, una financiación reunida a contrarreloj y una compañera que solo había navegado dos días antes de embarcar. Aquella plata fue una sorpresa. La de Portimão es una confirmación. Esta vez el equipo se conocía, la flota era más grande y más exigente, y Dani competía por fin en su categoría real: B1, la de los regatistas sin ningún resto visual.


La tabla final


El oro volvió a quedarse en Gran Bretaña. La tripulación GBR 2, patroneada por Lucy Hodges junto a Jamie Tylecote, Liam Cattermole y Steve Tylecote, ganó la clasificación con una media de 1,12 puntos por regata. La española ESP 1 fue segunda, con 1,81 de media, y el bronce fue para otro barco británico, el GBR 3 de Christina Morris, con 2,73. Detrás quedaron Estados Unidos, Suecia, el tercer equipo británico, Japón, Canadá, Francia y Trinidad y Tobago, entre las doce tripulaciones que disputaron el título.

El dato encierra otro: ESP 1 fue la tripulación B1 mejor clasificada del campeonato, por delante de los barcos de Estados Unidos y Gran Bretaña de la misma categoría, cuarto y sexto en la general.

El formato explica la cifra. La organización disponía de solo seis RS21, de modo que cada prueba se corría con media flota y los equipos iban rotando. Por eso la clasificación no se hace por suma de puestos sino por media de puntos, en formato de liga. Cada manga era un recorrido barlovento-sotavento de dos vueltas, con una boya arriba y una puerta abajo, de entre veinte y veinticinco minutos. Poco tiempo para corregir un error y mucho para cometerlo. Veintisiete veces seguidas, el equipo del Masnou no lo cometió.

 

Cuatro a bordo, dos que no ven


El reglamento de la flota de discapacidad visual no deja margen a la interpretación. «Por obligación, el timón y la mayor tienen que llevarlos personas con discapacidad visual», explica Dani. La clasificación distingue tres niveles: B1, sin resto visual; B2, con un resto aproximado de entre el 1 y el 5 por ciento; y B3, entre el 5 y el 10. En la general compiten todos juntos.

En el barco español, la caña es de Dani. La mayor, el motor del barco, la lleva Carmen López García, asturiana, ciega total como él. A proa va Jordi Sánchez Pérez, que además del trimado delantero ayuda constantemente a Carmen con la escota. Y en la bañera, con un peto de color distinto al del resto, viaja Mónica Azón, la táctica.

Su papel tiene una regla de hierro. «Es nuestros ojos, pero no puede tocar absolutamente nada. Ni un cunningham, ni un pajarín, nada», resume Dani. Como se trata de regatas en flota con jueces en el agua, la organización viste a los tácticos videntes con un peto diferente para que se vea, desde cualquier semirrígida, que sus manos no tocan un cabo.

Así, la táctica se convierte en un relato continuo. Mónica cuenta en voz alta lo que pasa fuera del barco: dónde están los rivales, cuánto falta para la boya, por dónde entra la presión. Dani traduce esa voz en rumbo, con lo que le transmiten la caña, la escora y el viento en la cara. «El timón también habla, habla bastante y a veces hasta canta», decía este navegante que se formó en el patín a vela catalán, donde siempre había navegado solo. Cuatro personas y un único sistema nervioso.

La categoría también tuvo su historia. El año pasado, Dani presentó un informe médico de 2019 que le atribuía un 1 por ciento de visión, y en Omán compitió como B2. «Yo les dije: pero si no tengo resto visual. Y me contestaron que el papel que había presentado era ese». Este año repitió todas las pruebas médicas. En Portimão ganó la plata desde su lugar verdadero.



Una tripulación de campeones


Pocos barcos de la flota reunían un palmarés como el de esta tripulación. Mónica Azón es regatista olímpica, bicampeona del mundo de Yngling y presidenta del Club Nàutic El Masnou: su presencia a bordo dice más que cualquier comunicado sobre el compromiso del club. Jordi Sánchez Pérez, de A Bordo Sailing, es siete veces campeón de España de F18. Y Carmen López García es tricampeona de España y campeona del mundo de surf adaptado.

La historia de Carmen resume la de todo el proyecto. Hace diez meses nunca había navegado. Pudo entrenar apenas dos días en Barcelona antes de viajar a Omán, donde aprendió a trimar una mayor en plena competición. En Portimão ha llevado esa misma escota durante veintisiete regatas sin salir nunca del podio.


Diez meses a toda vela


La velocidad con la que Dani Anglada ha entrado en la vela de alta competición no tiene muchos precedentes. En noviembre de 2025 buscaba equipo y financiación para un campeonato del que casi nadie esperaba nada. En diciembre volvió de Omán con una plata y con los británicos preguntándole cómo lo había hecho. «Hay que luchar por los sueños de uno, hay que luchar por lo que uno cree», decía entonces. En agosto, en la 200ª edición de la Cowes Week, la princesa Ana de Inglaterra se interesó en el East Cowes Sailing Club por su asociación, Yes We Sail, y por la navegación adaptada en patín catalán. Y en octubre, segunda plata mundial.

Por el camino ha cambiado de barco —del Fareast 28R de Omán al RS21 de Portimão, más pequeño, más nervioso y más exigente con el timón— y de categoría, y ha descubierto una forma de navegar que no conocía. «Yo siempre había estado navegando bastante solo, que era mi obsesión, la autonomía, la toma de decisión a bordo», contaba tras su primer Mundial. «Y aquí he conocido un mundo al cual me he enganchado».



El rival de siempre


Dani tenía claro desde el primer día contra quién se jugaba el campeonato. «La competencia es Inglaterra», dijo al llegar a Portimão. Y no se equivocó. Los británicos, con una larga tradición de blind sailing y varias tripulaciones muy rodadas, colocaron dos barcos en el podio. Lucy Hodges revalidó el oro de Omán y la tripulación B3 de Christina Morris, con una nueva timonel que, en palabras de Dani, «va muy fina», se quedó con el bronce.

Entre los dos barcos británicos, el del Masnou. Y por delante de todos los demás países que se han ido sumando a la flota, como Estados Unidos, Francia, Canadá, Japón, Suecia o Trinidad y Tobago.

 

Un Mundial que se hace grande


Portimão ha reunido a más de 220 deportistas de 40 países en nueve pruebas. Una participación récord para un campeonato que celebraba su segunda edición, organizado con Vela Solidária, el Ayuntamiento de Portimão y la Federación Portuguesa de Vela, y que forma parte de la campaña de World Sailing para que la vela vuelva al programa paralímpico.

Dani conoce bien el contraste. «En Omán no llegamos ni a 150 regatistas. Aquí somos 240 y hay muchos más países», cuenta. «Es muy importante dónde haces los eventos. Unos Juegos Olímpicos, los hagas donde los hagas, la gente irá, porque están establecidos desde hace años. Pero esto que estamos arrancando, que es el segundo año del Mundial de Vela Inclusiva, va a costar». Aun así, ve el rumbo bien marcado: «La visibilidad es mucho mayor que la de Omán. Estamos en el camino de unirnos», dice sobre la convergencia entre la vela inclusiva y la vela olímpica.


Desde el Masnou


Detrás de la medalla hay una casa. Al terminar la última regata, ya en el pantalán de Portimão, la tripulación desplegó los banderines del Port Masnou y del Club Nàutic El Masnou, los dos nombres que la acompañan desde el principio de esta aventura y que viajan en sus camisetas junto al de Yes We Sail.

El Port Masnou acompaña a Dani en su trayectoria deportiva y trabaja para crear a corto plazo una escuela de vela adaptada en sus instalaciones. Es el sueño que Dani persigue desde hace tiempo y que Mónica Azón describía así tras Omán: que no haya nadie en España con discapacidad visual que no pueda tener, como mínimo, la oportunidad de descubrir la vela. Dos platas mundiales en diez meses son un argumento difícil de discutir.

Hace diez meses, al terminar el Mundial de Omán, Dani lanzó una frase que entonces sonaba a deseo: «Este no ha sido el primero y el único. Van a venir más». En Portimão han venido veintisiete regatas con veintisiete podios. Lo que venga después ya se está navegando.


 
 
 

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